Artículo de psicología

Hablar de la muerte a menores. Ese tabú...

Salí de casa y me topé con una entrañable pareja. Estaba la abuela llevando a su nieto al cole (el menor tendría unos 3 o 4 años) cuando se paró el niño y señaló al suelo con interés.

—¡Mira abbbbbuela! ¡Un bbbbbbbbicho mmmmmmmmuuuueerto!

En efecto, había una cucaracha boca arriba y más tiesa que el palo de una escoba. El menor no se equivocaba.

—¡Abbbbbuela! ¡Un bbbbbbbbicho mmmmmmmmuuuueerto!

Ante la insistencia, la abuela tuvo que girarse y llevar su mirada donde el menor señalaba ilusionado. Con sus ojos vio lo que tanto el menor como yo, con indiferencia, estábamos viendo: una cucaracha muerta en la acera.

Y la conversación siguió:

—¡Un bbbbbbicho mmmmmmuuuueerto! ¡Mira!

—Uy, qué va... No está muerto —espetó—. Está durmiendo. Estará cansado y está durmiendo.

En ese momento la cara del menor cambió de ilusión a desconcierto, como si hubiera algo que pensaba que entendía y, de pronto, no supiera. Sus ojos veían una cucaracha muerta, pero su abuela, en quien parecía confiar absolutamente, le estaba negando esa realidad y diciendo que dormía.

Y la conversación siguió:

—Pero... ¿no está mmmmmuerto?

—No, durmiendo. ¡Hale, que llegaremos tarde!

Expuesto esto, vengo a decir que perdemos magníficas oportunidades que nos brinda la vida para hablar de la muerte a nuestros seres queridos y, lo que es peor, cuando la oportunidad nos la brinda quien menos sabe de ella, por querer protegerlo/a le negamos la muerte y la enmascaramos.

¡Qué bonito habría sido ver a la abuela acoger el interés del menor por ese bicho muerto y validar lo que veía ante sus ojos! ¡Qué conversaciones más interesantes podrían haber salido de ahí...!

No se habla de la muerte lo suficiente, ¡y menos con menores! Los niños y las niñas acaban teniendo su propia concepción de la muerte por medio de películas o series, porque nadie se detiene a comentarles qué es o qué ocurre. Hablar de la muerte a menores no tiene por qué ser difícil.

¿Cómo hablarle de la muerte a los menores?

En casos como el anterior se podría haber hablado de todo lo que ese bicho ha vivido, lo mayor que estaba y lo enfermo que podría estar al vivir en la calle y alimentarse de la basura. Esto no solo validaría la afirmación del menor, sino que además pondría esta muerte en un contexto concreto. Validaríamos también la curiosidad del menor y le permitiríamos preguntar sobre este acontecimiento.

En los casos en los que estamos ante el fallecimiento de un familiar, la validación también es importante, pero el abordaje cambia ligeramente: se debe hablar con el/la menor en un lugar que considere seguro, dejarle que sea partícipe de los rituales de despedida (si quisiera), etc.

Algunas ideas prácticas para cualquier caso:

  • Usa palabras claras («muerto», «ha muerto») en lugar de expresiones como «está dormido» o «se ha ido de viaje», que pueden generar confusión o incluso miedo a dormir o a viajar.
  • Adapta la explicación a su edad: cuanto más pequeño es el niño o la niña, más breve y concreta debe ser.
  • Responde con sinceridad a sus preguntas, aunque se repitan: es normal que pregunten lo mismo varias veces.
  • Valida sus emociones (tristeza, rabia, curiosidad o incluso indiferencia): no hay una forma «correcta» de reaccionar.

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